estos han sido unos días de cambio.
no estoy muy seguro de que
TÚ sepas jugar al mus, yo no tengo demasiada idea, aunque he jugado unas cuantas veces... pero mi estilo es bastante kamikaze, juego al faroleo terrible y ruidoso, ese que termina con sonora carcajada -alguna vez me has visto jugar, sabes de lo que hablo- o con asombrosas consecuencias como ganar o perder sin saber demasiado bien por qué.
recuerdo una partida, durante el verano del 2004, cerca de Infiesto, en un parque muy tranquilo, un buen lugar. jugábamos en las mesas de una terraza mientras los "chavales" se divertían en la piscina o jugando al fuchibol... sobre la mesa había una agradable suma de jarras de claras con limón y helados. mi pareja me preguntaba por las cartas que llevaba en aquella partida, porque yo no estaba pasando una puta seña -mi memoria, eso ya lo sabes- así que le respondí algo que, auqnue estabas allí, seguramente no recordarás porque fue algo simpático pero para nada importante, uno de esos chistes con los que te ríes pero que enseguida se olvidan. aunque para mí sea toda una filosofía -
ufff- vital. a mi compañero, que estaba preocupado por lo caótico de la mano en cuestión, le dije:
tengo lo que tengo, y con ello juego. no es gran cosa, ya te lo advertí.
pues resulta que la mano ésta me viene así, de la misma manera: en la mesa hay muchos tantos en juego -no para ganar la partida del todo, nadie pidió órdago ni estamos tan avanzados, pero sí para tener controladas las siguientes jugadas- y me toca decidir cómo voy a plantear el juego... o me tocaba, porque de tanto pensar ya se ha pasado el turno de
Grande y
Chica, así que me queda sólo jugar a Pares y Juego -no te pongo más liks, que marea- así que miro a la mesa y veo que, de momento, he jugado mis cartas, lo mucho o poco que tego, con sobriedad y eficiencia, haciendo que mi tanteo, el número de amarracos que adornan mi parte del tapete, crezca sin parar. y eso es bueno.
pero la partida resulta muy aburriday a mi se me estaban quitand ya hasta las ganas de seguir con ella, sólo pensaba en terminarla, recoger la mesa y volver a mi vida -todos sabemos que hay que diferenciar entre el juego y la vida real, por mucho que aveces se le parezca o resulte más apetecible lo uno que la otra- estaba harto del sonido aséptico de los naipes, por decirlo de alguna manera. me aburría como un cabrón estabulado y encima parecía tonto,esa es la otra forma de verlo.
la cuestión, por fin llegamos a ella, es que esta semana llegó un punto en que mi juego ya no era ni una sombra de lo que debería ser. me pasaba el día encerrado con los libros de una lengua ajena. mi único relax era ver algún capítulo de alguna teleserie a través de la red del campus. la leche vamos. el jueves noche, a las 12 -hora bruja- después de pasarme más de cuatro horas haciendo ejercicios a medias y cabreándome a enteros, llegue a mi propio límite: cerré los libros y me propuse cambiar la partida.
el viernes cené con la gente de siempre, mis amigas alemanas, y china, después fuimos al apartamento de mi compañera alemana y nos preparamos unos daikiris como gente sofisticada. hablamos durante una hora -temas interesantes y profundos- y a las 10 nos despedimos, la mitad se quería ir a la cama. a sobar, que era ya tarde. recuerda que era viernes noche.
así que me fui solo a un baile de salón en que bailaba otra de mis compañeras -me conoces así que imagínate lo que es para mí ir solo a una fiesta. lo más bajo y vergonzoso- cuando llegué la cosa era tan terrible como me podía imaginar, gente bailando en la pista central y gente mirando en las sillas auxiliares. pero resulta que allí me encontré con gente que conozco, con alumnos y con la peña rusa. poco después se nos unió mi amiga búlgara y juntos -por alguno de esos azares cósmicos empecé a entender que en esto del mus uno no sólo juega con su pareja, sino también con las cartas que le pilla al oponente- nos fuimos al apartamento ruso a seguir la fiesta. bien. llegamos y empezamos a hablar de todo un poco, a gastar bromas, a beber un poco y reirnos mucho. después llegó la música y empezamos a bailar, en mi estilo, ya me conoces, entre lo discreto y lo esperpéntico. y, poco a poco, me di cuenta de que me lo estaba pasando bien. yo. bailando. y era divertido.
ahí cambié la forma de jugar.
la gente se cansó pronto de la música rusa -es la que siempre escuchan- así que sugerí una rápida conexión a mi portátil para copiar alguna música de la que tengo. orishas, en concreto.
y Cuba conquistó Rusia. y entonces llegó la fiesta.
les expliqué que tengo parte de cura y que el anillo en mi mano izquierda debe interpretarse como que estoy casado. pero que me moría por pasármelo bien y que esa noche tenía que ser de las buenas. así que bailamos
a lo cubano hasta las 5 de la
mañana. y me fui a dormir contento. y cuando me desperté, en el tapete había más amarracos de los que me podía imaginar. amanecí -es un decir- alegre, no como me puedo despertar en casa, claro, pero al menos me sentía algo más que un buen soldado, me sentía contento otra vez, como al principio. disfrutando la experiencia.
ese día, sabado, estudié bastante y pasé tiempo con mi gente de siempre: comiendo, cenando, viendo una serie de la bbc hasta las 9 -hora de irse a la cama para mi compañera alemana. y era sábado noche, no pierdas la cuenta.
asi que me volví a mi cuarto y seguí haciendo deberes de alemán sabiendo que a las 10:30 o así me iría con mi compañera búlgara en busca de diversión -ella a intentar ligar con sus
seniors y yo a disfrutar de mis simples entretenimientos en forma de algo de conversación, algo de música y muchas fotos. pero a las 10:20 llegaron a mi puerta unas 7 personas, muchos de ellos de los que estaban en la fiesta rusa, y me anunciaron que debía estar en SU fiesta, en uno de los cuartos dobles de MI edificio. así que allí nos fuimos. y eso fue bueno, también.
después hicimos una rápida visita a una fiesta de hip-hop -las caras de mis alumnos, de lo mejor- que no era demasiado buena, pero sirvió para no estar aburrido una hora.
y volvimos a mi edificio, al apartamento ruso donde nos quedamos hablando -conversación leve y divertida al principio, y después más seria,profunda... pero aún divertida!-
ese día llegué a la cama a las 3:30.
el domingo desayuné con mi gente de siempre y después, a las 2:00 me fui con mi compañera rusa, un amigo suyo y otra chica del grupo a las montañas cercanas, a ver la nieve. salimos de casa con camisetas y poco más, y llegamos a la montaña con anoraks y varias capas de ropa. cosas de la zona esta.
caminamos por un paisaje hermoso durante tres horas y volvimos al campus. cené con mi gente de siempre, terminé mis deberes de alemán -eran una burrada de ellos- y me quedé hasta las 2:45 tratando de escribir este post.
parece que lo estoy consiguiendo.
empecé a escribir L'Ast in fornia para que tú supieras lo que me pasa por la cabeza cuando estoy aquí, tan lejos de allí. y sólo me impuse una regla,una muy sencilla: no mentir nunca en estas líneas. estos días atrás, después del jueves, estaba medio hosco con el mundo, así que no me apetecía contarte las tristezas de la lejanía -que manda narices también, estar aquí y quejarse- así que opté por no contar nada. era más fácil. pero hoy, cuando estaba a punto de acostarme a una hora prudencial -mañana hay examen a las 11 y no he repasado- me dije que no, de ninguna manera, porque tú tienes derecho a conocer toda la historia, todo el proceso así que te conté cómo iba -cómo va- mi partida.
voy ganando, ya ves. aunque eso no quiera decir que puedo explicarlo todo de manera simple y llana. tenía que recurrir a la
alegoria.
creo que saber todo esto es mejor que el
silencio.