Quand San Francisco se lève...
me encanta esa canción, de Maxime le Forestier. quizá porque la ciudad de la bahía me atrapa cada vez que me acerco a ella.
salimos de la burbuja dorada a las 23:30 del miércoles rumbo norte, volando por la I-5 N a 170 por hora en un Madza rojo metalizado. en su interior -como en un chiste- un francés al volante, un español gps, una española botando al ritmo del maneater y una alemana durmiente. cruzamos más de la mitad del estado de California en apenas 6 horas. cuando llegamos, el sol tuvo la decencia de guantarse las ganas de brillar hasta que llegamos al golden gate, de modo que vimos al astro rey aparecer tras la silueta de la ciudad. desde ahí, tres días de abundante comida, turismo interesante y mucha, mucha diversión. el dia de acción de gracias no tuvo su pavo, sino un buen monton de marisco en Fisherman's Wharf; las mañanas se honraban con desayunos a base de huevo, bacon, tortitas y café. la lonly planet nos servía de biblia y yo -con mi memoria de vidente ciego- señalaba nortes fluctuantes. nuestro hotel era una pequeña "fonda", un greenwich inn barato (70$ cada noche, una habitación para los 4!)
cuando nos marchamos, el sábado a las 21:00, la ciudad ya había ganado tres nuevos adeptos... y había hecho mayor mi deseo de pasar más tiempo allí.
regresamos a la burbuja 5:30 horas después, cansados pero contentos. a la mañana siguiente, cuando nos despertamos, seguíamos llevando en las retinas los reflejos de la bahía.
[en la próxima entrada os cuento otras cosas, entre ellas lo del matón que quería pelear conmigo en un pequeño club]
salimos de la burbuja dorada a las 23:30 del miércoles rumbo norte, volando por la I-5 N a 170 por hora en un Madza rojo metalizado. en su interior -como en un chiste- un francés al volante, un español gps, una española botando al ritmo del maneater y una alemana durmiente. cruzamos más de la mitad del estado de California en apenas 6 horas. cuando llegamos, el sol tuvo la decencia de guantarse las ganas de brillar hasta que llegamos al golden gate, de modo que vimos al astro rey aparecer tras la silueta de la ciudad. desde ahí, tres días de abundante comida, turismo interesante y mucha, mucha diversión. el dia de acción de gracias no tuvo su pavo, sino un buen monton de marisco en Fisherman's Wharf; las mañanas se honraban con desayunos a base de huevo, bacon, tortitas y café. la lonly planet nos servía de biblia y yo -con mi memoria de vidente ciego- señalaba nortes fluctuantes. nuestro hotel era una pequeña "fonda", un greenwich inn barato (70$ cada noche, una habitación para los 4!)
cuando nos marchamos, el sábado a las 21:00, la ciudad ya había ganado tres nuevos adeptos... y había hecho mayor mi deseo de pasar más tiempo allí.
regresamos a la burbuja 5:30 horas después, cansados pero contentos. a la mañana siguiente, cuando nos despertamos, seguíamos llevando en las retinas los reflejos de la bahía.
[en la próxima entrada os cuento otras cosas, entre ellas lo del matón que quería pelear conmigo en un pequeño club]



